Las formas que proyectamos hablan sobre cómo pensamos y en qué contexto son pensadas. Son formas que acontecen con determinado criterio. Ese criterio, a su vez, se reproduce en los individuos que toman contacto con dichas proyecciones. Las formas, generalmente, ocurren en función de límites y contextos productivos, económicos y tecnológicos, reflejados como requisitos y condicionantes en las operaciones morfológicas del futuro “artefacto”. Estos condicionamientos transferidos a las viviendas/artefactos, hablan y reflejan las formas cómo concebimos determinado acontecer social. Un acontecer que, a lo largo de nuestra construcción como individuos, vincula y determina una “secuencia perceptual” íntima y privada, opuesta a un acontecer externo y público.
La idea que me propuse en esta serie fotográfica fue observar cierto recorrido narrativo reflejado en la relación recursos/creatividad, a través de la morfología impresa en los edificios. Sin embargo, los protagonistas de la serie no son sus proyectistas. La serie pretende trabajar redundantemente sobre las posibilidades que determinados recursos adquiridos (visuales, plásticos, intelectuales, económicos o tecnológicos) son transferidos a la materia y luego a su percepción. Relacionando diferentes viviendas/artefactos, busqué construir un relato “anónimo” de paisaje y ciudad, un relato al margen de la pertenencia; una ficción donde solo la secuencia y la serie generarán un sentido diferente en ese otro “paisaje mental” del espectador.
François Soulagés en su libro “Estética de la fotografía”, dice: “…Una última manera de producir y recibir una foto de arquitectura, consiste en deslindar el arché de una arquitectura, o sea, el principio y lo arcaico, lo que depende de lo estructural y de lo antiguo a la vez. Entonces, unatriple arché surge frente a esas fotos: la de la morada, la del fotógrafo y la del que mira… El inconsciente es como una morada de arquitectura extraña: permanece. Paredes, ventanas, interiores, se balancean entre el preconsciente y el inconsciente, y de este modo se imponen con arché … una búsqueda en el interior de la arquitectura pasado/presente de lo que llamamos nuestro yo…”La interfacsze construida en viviendas/artefactos manifiesta un arché tácito e inmanente, de la misma forma que una fotografía captura lo irrepetible e infotografiable. Considero muy probable que los proyectos acontecidos arquitectónicamente para una vivienda/artefacto tienen su origen de interfacsze entre el sistema límbico (emocional y primitivo) y el entorno material/simbólico inmediato del sujeto, habitante.
Esta serie nació como una inquietud intelectual, impulsada por mi admiración hacia el trabajo de fotógrafos como Aleksandr Ródchenko, Demas Rusli, Dirk Bakker, Yener Torun, Florian W. Mueller, Gustav Willeit, Kevin Krautgartner, Lewis Baltz, Minh T. y Salvador Cueva.
La disponibilidad permanente de la cámara se convirtió en una parte esencial del proceso. Siempre que era necesario, podía regresar al mismo lugar, volver a fotografiar una misma fachada en distintos momentos del día y descubrir que cada encuentro producía una imagen diferente. El edificio permanecía inalterado; eran la luz, el tiempo y el punto de vista los que transformaban su significado.
Sin embargo, con el tiempo comprendí que el verdadero tema de esta serie no era la arquitectura en sí misma, sino el lenguaje que la produce. Las fachadas que observamos parecen diferentes, pero comparten una misma gramática. Cada vivienda incorpora decisiones aprendidas, recursos disponibles y modelos culturales que se transmiten, se repiten y se transforman de generación en generación. Como ocurre con las personas, la singularidad nunca surge desde cero: se construye siempre sobre un repertorio común.
Miradas en secuencia, estas fotografías dejan de hablar de edificios aislados para revelar un sistema. La ciudad aparece entonces como una construcción colectiva, donde la repetición de pequeñas variaciones hace visible una estructura más profunda: la manera en que una sociedad imagina, proyecta y habita su propio mundo.