Este manifiesto expone el marco conceptual y metodológico desde el cual se desarrolla mi práctica fotográfica.

La Interfascze Fotográfica

Materia, Signo y Transubjetividad

I. La Interfase: El contacto de la materia (Fase)

La fotografía comienza antes de la mirada; comienza en el roce. Como en la química, donde la “fase” implica un contacto molecular entre sustancias, la imagen fotográfica nace de una colisión física: la luz golpeando la materia sensible.

Cualquier dispositivo de captura es, en esencia, una prótesis (Kapp) , una extensión tecnológica que permite al cuerpo humano penetrar el entorno y traducir sus señales. No fotografío para “ver” a distancia, sino para establecer un contacto táctil con el tiempo.

En esta etapa, la imagen no es representación, es huella. Es la validación física de que estuvimos allí. Mi trabajo busca recuperar esa dimensión perdida de la fase: la textura, el grano, el soporte físico que nos recuerda que la realidad, antes de ser pensada, fue tocada.

II. La Interface: La superficie visible (Face)

Pero la imagen se desprende del contacto y deviene superficie. Aquí entramos en el territorio de la “face”: la interface electrónica o visual donde ya no hay contacto molecular, sino códigos perceptuales.

La fotografía se convierte en un artefacto portador de cultura , un vehículo de signo que media entre el ojo y el concepto. El encuadre es un recorte deliberado de las “affordances” del entorno; selecciono qué disponibilidades del mundo se hacen visibles y cuáles permanecen ocultas.

En este nivel, la composición es sintaxis. Construyo la imagen para que funcione como una pantalla informativa donde lo abstracto no es vacío, sino un lenguaje codificado para ser leído por la vista. Es el dominio de la estética, sí, pero entendida como la organización rigurosa de la información visual para influir en la conducta de quien mira.

III. La Interfaze: La dimensión transubjetiva (Faze)

Más allá de lo táctil y lo visual, mi obra aspira a la tercera dimensión: la transubjetividad. Una imagen nunca está completa en su superficie. Existe siempre un “tercer sujeto tácito” —el sistema, la cultura, la historia— que opera detrás de lo visible.

La Interfascze se manifiesta plenamente cuando el funcionamiento de la imagen trasciende al usuario inmediato. La fotografía deja de ser un objeto inerte para convertirse en un sistema de diálogo donde interactúan mi subjetividad, la del espectador y la “red simbólica” que nos envuelve a ambos.

Aquí es donde ocurre la reescritura. El espectador no solo consume la imagen; la habita. Ingresa en un entorno intersubjetivo donde sus necesidades simbólicas —de pertenencia, de conocimiento, de estima — encuentran un eco en la estructura de la obra.

IV. Secuencia: La red cognitiva

Si la imagen única es un signo, la serie es el sistema cognitivo. Entiendo la secuencia fotográfica como un proceso de estructuración del pensamiento. No presento fragmentos aislados, sino una malla simbólica donde cada fotografía es un nodo que conecta lo visible con lo invisible.

La Interfascze es, finalmente, una metodología para procesar la información del entorno. Al organizar las imágenes en series, invito al espectador a dejar de ser un observador pasivo para convertirse en un sujeto activo que decodifica, conecta y completa el sentido. El “lector invisible” es aquel que logra atravesar la superficie (face), sentir la huella (fase) y comprender el sistema oculto (faze) que sostiene la realidad.

Epílogo — Proyectar lo que nos define

“Los individuos se representan a sí mismos a través de los objetos” (Gravagnuolo). Mis fotografías son esos objetos. Son los artefactos a través de los cuales intento resolver la tensión entre mi necesidad interna y la facticidad del mundo.

La Interfascze Fotográfica es el espacio total:

Es Fase: Materia y tacto.

Es Face: Visión y código.

Es Faze: Sistema y trascendencia.